
Me persigues con tu triste sonrisa y tu mirada azul.
A veces me abrazas, y entonces nada de esto ha pasado, y todo vuelve a ser como antes.
A veces finjo que no puedo perdonarte, pero las lágrimas acaban empañando mi orgullo.
Otras veces lloramos, hablamos, reímos, nos abrazamos... y recordamos.
Hay días que volvemos a vivir lo vivido, porque el tiempo no ha pasado, y sigue siendo ayer...
Pero todo desaparece en cuanto abro los ojos.
Y otra vez las miradas de reojo, otra vez silencio, otra vez ese estúpido orgullo.
Otra vez indiferencia.
Otra vez indiferencia.
[Ahora que por fin habías salido de mi vida no soy capaz de hacer que salgas de mis sueños.]