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viernes, 18 de febrero de 2011

Eso.

Vaffanculo!

jueves, 10 de febrero de 2011

Lo que dejé por ti


Dejé por ti mis bosques, mi perdida

arboleda, mis perros desvelados,

mis capitales años desterrados

hasta casi el invierno de la vida.


Dejé un temblor, dejé una sacudida,

un resplandor de fuegos no apagados,

dejé mi sombra en los desesperados

ojos sangrantes de la despedida.


Dejé palomas tristes junto a un río,

caballos sobre el sol de las arenas,

dejé de oler la mar, dejé de verte.


Dejé por ti todo lo que era mío.

Dame tú, Roma, a cambio de mis penas,

tanto como dejé para tenerte.


(Rafael Alberti)

miércoles, 5 de enero de 2011

Te echaré de menos 2010

Nos has dado:



Días románticos



Días de turismo




Días geniales




Días de estudio




Días de Bardalla




Días de campeones




Días de trabajo




Días de frutas




Días de viajes



Días de carnaval



Días de chicas




Días absurdos



Días de descanso



Días de Roma






... y sobre todo...












... tú, y con ello los días más felices de mi vida.
Pero démosle una oportunidad a 2011, que puede mejorar mucho las cosas.
FELIZ AÑO.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Declaración de principios.

Odio las visiones poco románticas de la vida.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Ama

Ama, ama follemente, ama più che puoi e se ti dicono che è peccato ama il tuo peccato e sarai innocente.

viernes, 22 de octubre de 2010

Roma


Pasear por Roma es una vuelta al pasado,

es despertar la imaginación en cada calle,

es no saber qué podrá sorprenderte a la vuelta de la esquina,

es encontrar lo más bonito en el lugar menos esperado,

es estimular uno por uno todos los sentidos,

es enamorarse a cada paso...

Es hablar de historia,

es hablar de arte,

es hablar de cultura...


Es, y solo puede ser, Roma.

viernes, 24 de septiembre de 2010

El amor en los tiempos del cólera

Le parecía tan bella, tan seductora, tan distinta de la gente común, que no entendía por qué nadie se trastornaba como él con las castañuelas de sus tacones en los adoquines de la calle, ni se le desordenaba el corazón con el aire de los suspiros de sus volantes, ni se volvía loco de amor todo el mundo con los vientos de su trenza, el vuelo de sus manos, el oro de su risa.


- El amor en los tiempos del cólera -
Gabriel García Márquez